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Joaquim Gay de Montellà

Joaquim Gay de Montellà, presidente de Foment del Treball.
© Foment del Treball

[LLegeix la crònica en català aquí]

(Martes, 12 de febrero de 2013)

Las empresas que tienen un gran volumen de ventas en el mercado español se muestran prudentes y prefieren desvincular la economía de la política

MARTA ESCOBAR MARTÍ

El proceso soberanista puesto en marcha por el gobierno de Artur Mas inquieta a un sector importante de los empresarios catalanes. La Qüestió Catalana ha intentado ponerse en contacto con diferentes empresas catalanas que tienen la mayor parte de su negocio repartido por el Estado para poder conocer el impacto que el debate soberanista, hoy sobre la mesa, está causando entre los empresarios.

Sin embargo, salvo las empresas o patronales que ya se han posicionado públicamente, se percibe cierta prudencia a la hora de hacer declaraciones sobre este tema. Más allá de las declaraciones oficiales de Foment del Treball, que a pesar de que su presidente, Joaquim Gay de Montellà, reconoció que “el camino soberanista no afecta a la economía”, sigue apostando por el pacto fiscal, La Qüestió Catalana  sólo ha podido conocer la opinión de la patronal de Terrassa Cecot. El resto, como Pimec o la Cambra de Comerç de Barcelona, se han mostrado más cautelosas y han optado por rechazar las entrevistas porque “como patronal no hacemos posicionamientos ni emitimos opiniones de carácter político” o bien porque “el presidente no ha hecho ninguna valoración ni nota de posicionamiento”.

En este sentido, ni el Consell Regulador del Cava -que apuntaban que ellos no hacen declaraciones sobre política-, ni los productores de cava catalán tampoco han querido hacer declaraciones, seguramente porque su “prioridad” es “hacer cava y venderlo”, tal y como confesaban fuentes de Freixenet, pero también porque el mercado español es esencial para sus ventas.

Otras empresas catalanas como Nutrexpa reconocen que “es un tema que nos preocupa” pero, al mismo tiempo, alegan que “de momento no nos posicionamos”. Además, fuentes de la empresa admiten que “Internet nos ha hecho mucho daño“, y es que desmienten que su presidente, Javier Ventura, fue a la manifestación independentista del Onze de Setembre, tal como publicaron muchos medios de comunicación. “Al final lo que nos preocupa es vender y como empresa que tiene la mayor parte de su negocio repartido por el Estado no podemos decir nada”, confesaba un alto cargo de la empresa.

Incluso Llet Nostra, que surgió en 2003 fruto del boicot que el grupo Leche Pascual hizo contra los ganaderos catalanes, han denegado la entrevista a La Qüestió Catalana porque “debemos mantenernos al margen” y “no podemos entrar en temas políticos “.

En otro orden de cosas, cabe decir que una prueba más de la incomodidad existente es que algunos de los testimonios recogidos -directivos, consejeros-delegados o altos cargos de conocidas firmas catalanas- sí se han posicionado pero no han querido revelar su identidad. Así pues, una vez más, la libertad de expresión queda limitada por la desconfianza que causa a una parte de los empresarios catalanes el hecho de posicionarse y poder acabar sufriendo pérdidas importantes en el mercado español.

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