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Secretario General de la Federación de Industria de CC.OO. de Catalunya

Javier Pacheco, secretario general de la Federación de Industria de CC.OO. de Catalunya.
© CC.OO.

[Pots llegir l’entrevista en català aquí]

(Miércoles, 27 de febrero de 2013)

 MARTA ESCOBAR MARTÍ

Javier Pacheco es el secretario general de la Federación de Industria de CC.OO. en Catalunya. Para él, el debate soberanista “no influye para nada” en las relaciones comerciales pero, eso sí, remarca que “te lo dice uno que no es independentista”. Pese a que Pacheco confiese que no es proclive a la independencia, y en cambio sí a “un estado federal de carácter europeo”, no tiene ningún problema en recordar que CC.OO. de Catalunya es el único sindicato entre las diferentes comunidades autónomas que “siempre ha defendido la identidad nacional del pueblo catalán”. No obstante, como buen sindicalista, Pacheco se lamenta del trato ideológico que recibe el debate soberanista por parte de algunas élites de pensamiento, aunque a la vez piensa que la insistencia del Govern de “colocar en tiempo y forma la consulta” es “inoportuna”.

Según un estudio de la Cambra de Comerç de Barcelona, las exportaciones en Catalunya crecieron el 2011 superando las vendas al resto del Estado (53%-47% respectivamente). ¿Por qué es importante que las empresas catalanas piensen en clave internacional?

Primero por el tejido productivo que existe en la empresa catalana, donde se identifican dos sectores importantes: el de servicios, que siempre ha sido el mayoritario en el tejido económico del país, y el sector industrial. El sector industrial genera en esta comunidad autónoma –Catalunya- el 25% del PIB de la economía catalana, que es muy importante en una economía global para el efecto de la balanza comercial y el peso de las exportaciones. La pregunta es por qué las empresas españolas tienen capacidad o expectativa con un modelo de estado plurinacional y autonómico y las empresas catalanas en un modelo diferente de relación nacional con una Catalunya independiente iba a tener dificultades en un terreno global. La economía global supera fronteras independientemente de cómo se articula. Para mí el debate soberanista no sería un factor influyente.

Hay algunos estudios como Measuring Costs and Benefits of Independence que mencionan un posible efecto frontera.

Hay motivos políticos y sociales muchísimo más importantes para poder visualizar que pudiera haber efectos en una economía de consumo, que una independencia de Catalunya. Es un efecto bastante más grave que el hecho de que nosotros en Catalunya estemos en una relación de estado donde se quiere que el carácter soberanista sea reconocido a corto plazo. No creo que esto tenga que tener efecto en el consumo. Me parece que tener que utilizar esos argumentos para intentar impedir la voluntad de un pueblo a la hora de establecer el derecho del reconocimiento de su identidad es muy interesado desde el punto de vista ideológico.

Hay empresas catalanas que han manifestado haber empezado a notar síntomas de boicot estas Navidades. ¿Cree que estas actitudes son causa de la reticencia de los consumidores o empresas españolas al proceso soberanista o la crisis es un factor influyente?

A mi me gustaría ver cómo se mide la capacidad de boicot de empresas puntuales. Eso no es estadísticamente mesurable y no creo que sea una reflexión de causa-efecto en relación en los que esto supone porque el pueblo catalán y sus representantes políticos han manifestado la voluntad de querer identificar su voluntad nacional. Es mucho más importante la noticia que salía hoy de que los negocios catalanes han vendido un 10% menos que en las rebajas del año anterior. Siempre puede haber algún efecto pero no debería ser una preocupación para el conjunto de la economía en Catalunya el que en Extremadura se vendan cava extremeño que catalán. Son efectos puntuales que ni siquiera se pueden tratar de carácter sectorial y no creo ni que Freixenet ni Codorniu tengan que replantearse su estrategia.

En este sentido, y teniendo en cuenta que el boicot se hace básicamente contra empresas que son identificadas por los consumidores como catalanas, hay usuarios que argumentan que contra SEAT si harían boicot pero, en cambio, contra Nissan no porque no es vista como catalana.

Nadie de carácter empírico podría plantear que los efectos en la economía de la identidad nacional en cómo se relacionan las empresas con el consumo pueda demostrar de manera empírica que va a tener efectos nocivos o negativos para la evolución de las empresas en Catalunya, ni siquiera para la capacidad de inversiones. No dependerá de eso. Dependerá del tipo de modelo de estado que se configurara en Catalunya después de una declaración de independencia para la hora de establecer un modelo de inversión o no, por parte de empresas extranjeras como el capital propio. Depende mucho más de cómo se configura el estado, que de qué tipo de estado se tiene. Si establecemos un modelo democrático articulado sobre una filosofía dónde la participación del pueblo, el respeto de las instituciones, donde la democracia parlamentaria entre diferentes instituciones respete realmente lo que el pueblo de Catalunya plantee, puede tener reconocimiento perfectamente en la Unión Europea, en el ámbito internacional y puede no tener efectos graves en la economía catalana. Yo no he visto ningún dato empírico que demuestre que la soberanía de Catalunya afectaría a las empresas.

Que el debate soberanista esté encima de la mesa comporta un clima de incertidumbre y desconfianza pero Nissan en Japón adjudicó finalmente el nuevo turismo a la planta de Barcelona. ¿Puede desembocar eso en la deslocalización de multinacionales o, por el contrario, no preocupa?

No preocupa. La economía global supera el efecto de las fronteras y por eso creo que tener una frontera diferente en el ámbito del estado no creo que sea un problema para poder desarrollar las inversiones. El tipo de modelo de estado que no se pone en cuestión, que es que en Catalunya se esté planteando un cambio radical de la organización de la sociedad, independientemente que sea independiente o no, es lo que si que puede poner en riesgo inversiones extranjeras. No creo que nadie esté pensando que una Catalunya independiente pueda cambiar su relación con el estado español y su relación con la economía europea como para poder replantearse sus políticas de inversión.

Al final al empresario le importa la rentabilidad.

Hay una devaluación del país en Catalunya y en el Estado español y hay una devaluación del poder adquisitivo de los trabajadores, que no está provocando un proceso de llamada a la inversión. Hay un modelo de regulación que puede invitar a que el poder económico tenga una mejor participación en la relación con las personas de nuestro país con una política de recortes que no llama a la inversión. Esos factores pueden tener más que ver con la economía y no tienen factores fundamentales en el cambio de la situación de la decisión de las empresas. Y el hecho de que tengamos una bandera u otra en el carné de identidad, ¿va a provocar que la economía tenga un flujo diferente? Creo que no.

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, declaró que la independencia de Catalunya sería “peor” para España porque “tardaría treinta años en recuperarse”. Desde ese momento ya no ha hablado más sobre el tema. ¿El miedo es un factor recurrente para el Gobierno?

Es un debate ideológico que bajo mi punto de vista está colocado fuera de contexto en el tiempo y forma que han puesto el debate encima de la mesa. Yo creo que es fundamental que en Catalunya se revise su modelo de relación con el estado español. El modelo autonómico en nuestro país es todavía un debate incompleto. La mayor capacidad de autogobierno es necesario y coincide con un modelo confederal de relación con el estado pero todo tiene que ver en cómo se construye. El conflicto ideológico se establece a raíz de esas comunidades autónomas que no han sabido autogobernarse y les han metido en la cabeza que lo mejor es la recentralización de los poderes. Eso lleva a los políticos a jugar con la economía como una línea argumental para articular el conflicto ideológico. Tanto los catalanistas como los nacionalistas españoles.

¿Es por eso que los grandes empresarios como por ejemplo Isidre Fainé se posicionan a favor del pacto fiscal, para no entrar en el debate político?

El pacto fiscal es un elemento real para poder conseguir un cambio en la relación de Catalunya con el Estado y ahí es donde hay que trabajar. Después de la manifestación del Onze de Setembre, Convergència convocó unas elecciones anticipadas con las vísceras en lugar de con la cabeza. Con eso diluyó la estrategia real en relación con un pacto fiscal y asumiendo compromisos que van mucho más allá y que le van a impedir tomar una decisión en respecto al pacto fiscal.

La insistencia por la soberanía de Catalunya no es, quizá, la que hubo por el pacto fiscal.

El problema es que le va a impedir establecer un proceso de negociación en relación al pacto fiscal, con el que sí que se podría encontrar reciprocidad con el Estado, porque se ha subido al monte y todo lo que no tenga relación al reconocimiento de la celebración de la consulta va a ser un fracaso político. Se están cargando el terreno del pacto fiscal cuando ahí si hay una verdadera capacidad real de modificar la capacidad económica del estado. Y ahí sí que el empresario catalán jugará porque le interesa y tiene que obviar el terreno ideológico.

¿La industria catalana depende del mercado español ahora?

Cada vez menos. La industria catalana, sobretodo por la pérdida del tejido industrial que se ha producido durante la crisis, cada vez depende más del modelo de exportación. El peso de las exportaciones evidencia la evolución del crecimiento o decrecimiento de la balanza comercial. En 2011, no tanto en 2012, la exportación ha sido lo que ha salvado la caída del tejido industrial. Somos una de las comunidades autónomas más industrializados del país y proveemos a países industrializadas como Alemania o Francia, y de aquí se nutre gran parte del PIB catalán.

¿Qué atractivo puede tener Catalunya para que una multinacional, por ejemplo del sector de la automoción, invierta a aquí y no en otro sitio de España?

Todavía somos un país que podemos catalogar en el medio coste y porque tenemos cierta experiencia en bastantes sectores de la capacidad de evolución de los procesos productivos dónde se garantizan niveles de calidad como si fueran países de alto coste. Podemos ofrecer niveles de calidad y de desarrollo de productos tan buenos como Alemania, Francia o Italia. El segundo factor es nuestra situación geográfica privilegiada, aunque tendríamos que ser capaces de reconectarla para atraer más inversiones y tener más competitividad.

¿Sería necesario bajar aún más los costes de producción en Catalunya?

¡No! Tenemos que mejorar los costes logísticos con el resto de Europa. Tenemos que mejorar nuestra gestión logística e intentar potenciar los puertos para que sirvan como elemento de hubs logísticos –grandes centrales- que distribuyan a través de mar, tierra y aire a través del corredor mediterráneo y desarrollar el crecimiento del aeropuerto del Prat. Todavía hay carencias que impiden mejorar la competitividad de las empresas catalanas.

¿Se puede seguir afirmando que Catalunya es la fábrica de España?

Sí, conjuntamente con el País Vasco. Lo que pasa es que es una fábrica cada vez más pequeña.

¿Qué representan empresas como Nissan o SEAT para Catalunya y para la industria catalana?

Para la industria del metal mucho porque es fundamental. Son dos empresas que producen muchos puestos de trabajo, tanto directos como indirectos. Más de 50.000 trabajadores pueden estar relacionados con el sector de la automoción en Catalunya y aportan mucho a la economía.

Yamaha, Honda y ahora Derbi se han ido de Catalunya. ¿Qué ha pasado con el sector de las motocicletas?

Aquí lo que hace falta es una política industrial, que viene ya de los años ochenta, cuando hubo el boom de entrada de capitales extranjeros durante los gobiernos de Jordi Pujol, por las relaciones de diplomacia que tenía en el extranjero. Ahora con la crisis estas empresas se van donde les interesa, que no es donde sale más barato porque Yamaha se ha ido a Francia y Derbi a Italia. No es un problema de costes. El gobierno de la Generalitat no tiene capacidad de influencia en las decisiones que se toman en Turín o Tokio. Hay que hacer políticas económicas atractivas aquí para que no sea necesario que se las lleven.

¿Cómo se vive el debate soberanista desde los sindicatos?

Somos una organización de izquierdas y el derecho del pueblo a decidir no se puede prohibir. El pueblo catalán debe poder decidir sobre su presente y su futuro y ese es nuestro planteamiento. No se puede privar a nadie a decidir. E, independientemente de la decisión que tome el pueblo catalán, le hará falta un sindicato que defienda los intereses del trabajador.

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