Home
Xavier Cuadras, professor d'economia.© Robert Ramos

Xavier Cuadras, professor d’economia.
© Robert Ramos

[Pots llegir l’entrevista en català aquí]

(Martes, 15 de enero de 2013)

MARTA ESCOBAR MARTÍ

Xavier Cuadras Morató es profesor de Economía y director de la Escuela Superior de Comercio Internacional en la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Él y Modest Guinjoan escribieron ‘Sense Espanya’, un libro que trata sobre “el balance económico de la independencia”. Este libro se publicó en 2011 y, desde entonces, el panorama político catalán ha cambiado mucho. Y es que, para empezar, en las pasadas elecciones catalanas, una gran parte de los ciudadanos votaron a favor del derecho a decidir y, este mes de enero, el presidente de la Generalitat, Artur Mas (CiU), y el jefe oposición, Oriol Junqueras (ERC), ya han pactado el texto de la declaración soberanista. La entrevista, realizada el martes 15 de enero de 2013, actualiza, sobre todo, los datos que los dos economistas aportaron hace más de un año.

¿Qué representa el mercado español para las empresas catalanas o que tienen filiales en Catalunya?
Esto se puede medir de muchas maneras, pero la más relevante es decir que el valor añadido de todo lo que se produce en Catalunya, aproximadamente un 60% va al mercado interior -al catalán-, menos de un 20% al mercado español y algo más del 20% al resto del mundo. Dicho de otro modo, de todo lo que exportan las empresas catalanas en el exterior, algo menos del 50% va a parar al mercado español.

Hace unos meses, la Cambra de Comerç de Barcelona publicó un estudio en el que se constataba que ya en el año 2011 las empresas catalanas venden en el mercado español un 47% de sus productos, mientras que exportan un 53% en el extranjero .
En 2011 fue el primer año en que los mercados del resto del mundo tienen un peso mayor que el mercado español.

¿Estas cifras se irán incrementando a partir de ahora?
Hay dos razones por las que puede que vaya en aumento. La primera es que eso ya es la tendencia que se observa desde hace tiempo. En 1987 se vendía -desde Catalunya- un 70% al mercado español y eso se ha ido reduciendo hasta que ahora ya es menos del 50%. Por lo tanto es probable que esto continúe de esta manera. Es una tendencia natural. En 1986, España entró en la Unión Europea y, por tanto, todas las empresas españolas comenzaron a exportar más a Europa. Por eso el mercado europeo es un mercado importante. La otra razón es que, de momento, el mercado español es un mercado que tiene problemas graves debido a la crisis económica. Es previsible que un día u otro se salga pero quizás saldremos antes otros países. Es posible que en los próximos cuatro o cinco años el mercado español todavía no sea el más dinámico.

En caso de que Catalunya se independizara de España, ¿cómo afectaría a las empresas y al mercado español?
Esto es lo que nadie sabe. En principio, no tendría porque haber cambios muy sustanciales ya que las relaciones comerciales son de mutuo beneficio. Los empresarios catalanes venden a España porque los consumidores españoles ven conveniente comprar productos catalanes. Si no lo consideraran conveniente, comprarían productos chinos o alemanes. Los productos catalanes son competitivos y de buena calidad y por eso se consumen en otros lugares. La independencia no cambiaría eso excesivamente. Podría ocurrir que hubiera un cierto impacto político y emocional de determinados sectores de la sociedad española que quisieran represaliar a los catalanes por una decisión política con la que no están de acuerdo y decidieran cortar los vínculos comerciales con Catalunya, haciendo una especie de boicot y sustituyendo los productos catalanes por otros. Esto podría tener un impacto relativamente reducido porque un boicot no es gratuito para los que lo hacen.

Podría haber una situación en la que durante un determinado tiempo, un año o dos, la cosa estuviera muy crispada, pero después todo volvería a su lugar. Lo que pasa muchas veces es que estos boicots se centran en productos muy determinados. Además hay muchos productos de consumo de los que no se sabe la procedencia y no parece que sea muy relevante. La gente no mira de dónde viene un producto. Pero hay productos como el cava que todo el mundo sabe que es catalán. Puede haber una crispaciói una convulsión política que conduzca al boicot y al final sólo se centre en unos pocos productos y que el resto de los productores no notarían casi nada.

Como dicen en su libro, si a las empresas les va bien no cambiarán de proveedor.
Los boicots normalmente son de consumidores, que toman las decisiones desde un punto de vista emocional. El caso de las empresas es diferente. Para empezar, las cadenas de producción están muy integradas y muchas veces tienes un proveedor catalán del que no puedes prescindir, porque sabe qué necesitas y lo produce a un coste ajustado, con una buena calidad y un buen servicio. Por un motivo político, las empresas no pueden volver a rehacer una relación comercial con otra persona, explicarle las especificaciones técnicas, etc. Es decir, hay muchos productos que están estandarizados en muchas empresas pero también hay otros que producen un determinado imput por una determinada máquina y que no se puede sustituir. Para las empresas no es posible y si implica un mayor coste no lo aceptarán por un motivo político. El boicot lo harían los consumidores pero las empresas es poco probable que lo hagan.

Aún así, ¿cree que las empresas catalanas tienen miedo de tener que pagar los costes de una hipotética independencia?
Yo creo que sí. Las empresas que tienen una parte de su mercado en España se pueden esperar que haya algún efecto negativo que les afecte. No son indiferentes ante esto y hacen bien. Las empresas dependen de cosas que están fuera de su control como las decisiones políticas, que las pueden afectar negativamente. Al principio, la independencia sería un cambio de estatus político que, desde el punto de vista de la sociedad, sería positivo, pero eso no quiere decir que las empresas puedan salir perdiendo. Es imposible que haya un cambio y que todos salgamos ganando.

Algunos medios de comunicación publicaron que el presidente de Nutrexpa, Javier Ventura, que vende un 80% de sus productos en el resto de España, fue a la manifestación independentista del Onze de Setembre. Aunque la empresa lo ha negado están saliendo noticias en algunos periódicos, aunque las empresas no se han pronunciado, que aseguran que el boicot ya ha empezado esta Navidad contra Nutrexpa.
Leí que este señor [Javier Ventura] fue a la manifestación, que esto no quiere decir que estuviera de acuerdo, y que se había difundido una especie de llamada al boicot. Este sería un caso en que con una reacción de esta naturaleza, el empresario puede ver cómo bajan sus ventas.

Quizás esto ha pasado porque se ha posicionado yendo supuestamente a la manifestación.
Hay dos casos distintos, es decir, puede haber un empresario que se posicione y que en cierto modo esté en una posición especialmente vulnerable, porque desde el punto de vista de los no independentistas le tendrán más tirria. Pero ni Codorniu ni Freixenet son empresas que sean independentistas, al contrario, y sufrieron un boicot. El boicot de 2005 no estaba dirigido a empresas independentistas, sino a empresas catalanas, y fue fruto de una decisión política que estaban tomando los catalanes. Como se quería hacer represalias a la sociedad catalana entendida como un conjunto, se hizo con empresas que se visualizaban como catalanas. ¿Qué es una empresa catalana? Hay empresas que producen aquí pero que los propietarios son de Madrid. Se les debe hacer boicot o no?  La Caixa es una empresa que se visualiza como catalana pero gran parte de su actividad económica está en España. Si perjudicas a una empresa, también perjudicas la actividad económica del producto interior bruto (PIB) del lugar donde ésta esté situada. Se sale perdiendo aquí pero también en el lugar se cuece el boicot.

En el libro también dicen que podría haber un contra-boicot. En caso de que, por ejemplo, los españoles saquen su dinero de ‘la Caixa’, los catalanes podrían sacar del Banco Santander.
Es lógico pensar que si hubiera una reacción social en España, en Catalunya habría una reacción muy similar. Ni todos los españoles boicotearán los productos catalanes, ni todos los catalanes boicotearemos todos los productos españoles.

También aseguran que el boicot no tendría el mismo impacto por parte de todas las comunidades autónomas y que, por ejemplo, el País Vasco no tendría un gran peso en el boicot. ¿El boicot se produciría, pues, por afinidades políticas?
Seguramente sí. Hay una encuesta de la UOC en que en 2010 se le preguntó a una muestra de la población española si en el caso concreto que se convocara un referéndum harían un boicot a los productos catalanes. Un 21% decía que sí, un 74% que no y el resto no contestaron. Esta encuesta estaba desglosada por comunidades autónomas y había que tienen una vocación boicoteadora mayor y hay que tienen menos. No sería en todas partes igual.

Ante el panorama de una posible independencia de Catalunya, ¿qué diferencia el pequeño comercio de las grandes empresas catalanas o de las multinacionales con filiales aquí?
Estas cosas acaban repercutiendo en todo el mundo. El pequeño comercio sufriría menos porque vende al mercado interior pero vende con trabajadores que trabajan en empresas que vienen de España y las empresas, quizás, despedirían a gente. De una manera indirecta, sí podría afectarle. Pero claro, los que tendrían un problema mayor serían los que venden productos al exterior y tienen una mayor concentración de sus exportaciones en el mercado español, como las empresas que venden productos manufacturados y de consumo en España. En cambio, los que venden componentes de plástico para producir máquinas es muy difícil que les afecte.

¿Cree que las multinacionales tienen miedo de que Catalunya se independice de España?
Yo creo que no tienen miedo de un boicot pero sí de una situación económica, social y política algo incierta. Ahora, no creo que la Volkswagen o Nissan sufran porque no venderían coches en España porque no son marcas que se visualicen como catalanas. Una es alemana y la otra japonesa.

¿Podría ocurrir que se fueran algunas filiales o que vinieran de nuevas? De hecho, últimamente, y con la consulta de por medio, se han instalado más multinacionales.
Yo creo que a las multinacionales tanto les hace si Catalunya es independiente o no. Lo que no querrían es una situación de inestabilidad política o social. Si aquí nos embarcamos en un show que dura cuatro o cinco años no es beneficioso. Y, además, está la cuestión de las relaciones con la Unión Europea. Las multinacionales que están instaladas aquí, no quieren que se les niegue exportar en las mismas condiciones que tienen ahora. En caso de que Catalunya no fuera formalmente desde el primer día un miembro de la Unión Europea y tuviera que solicitarlo y pasar por un periodo de transición, es poco probable que no hubiera un sistema de transición que permitiera que no continuáramos como hasta ahora. Todas las multinacionales europeas instaladas en Catalunya y que tienen inversiones muy importantes aquí, intentarían evitar el perjuicio que les causaría exportar. Entonces, alguien podría decir que lo que harían es marchar. ¡Pero marchar es carísimo! Coger la fábrica de Volkswagen de Martorell y moverla de sitio, como último recurso lo harán, pero es una inversión enorme. Es una ruptura que se intentará evitar al máximo. Habrá que negociar una medida que incluya un tratado de comercio.

¿Qué sacarían de positivo las empresas catalanas de una independencia de Catalunya y qué de negativo?
Las empresas y la sociedad en general obtendrían de primeras más recursos. El déficit fiscal motiva una renta de Catalunya hacia el resto del Estado, que cada año es el 8% del PIB. Es como si cada año tuvieras un 8% más de los recursos. Esto beneficia a la Administración, a los contribuyentes, a las empresas, etc.

Ustedes dicen en el libro que “la independencia de Catalunya representaría un incremento de los recursos a disposición de la economía catalana” y que, por tanto, “aumentaría el nivel de bienestar de los catalanes”.
Las empresas tendrían una fiscalidad más favorable, quizá tendrían más ayudas desde el punto de vista de la investigación y el desarrollo, y otra cosa que no incluimos en el libro, las empresas tendrían una política económica que estaría orientada específicamente a los intereses de las empresas catalanas . El caso más típico es el de las infraestructuras. Lo más importante para las empresas catalanas es una conexión con Europa, pero quizá no lo es por el gobierno de Madrid. En principio, habría una política económica dirigida a los problemas económicos del país y esto debería ser una mejora, desde el punto de vista de las empresas y los ciudadanos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s