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[Pots llegir l’entrevista en català aquí]

(Jueves, 31 de octubre de 2013)

Las inversiones en infraestructuras del Estado han perjudicado constantemente el Corredor Mediterráneo, una obra fundamental para el buen funcionamiento de la red europea de transporte y para la competitividad de la economía europeacorredor-mediterrani

MARTA ESCOBAR MARTÍ

Tras priorizar infraestructuras poco competitivas en detrimento del Corredor Mediterráneo, como el AVE en Galicia, o el hecho de añadir un tercer raíl en la vía de Cartagena hasta la frontera, y con el agua hasta el cuello por las presiones recibidas, la ministra de Fomento, Ana Pastor, declaró a principios de octubre que el Corredor es, ahora, “una de las obras prioritarias” del Gobierno.

Reivindicado desde hace años por los gobiernos de Catalunya, Valencia y Murcia, pocas veces el Gobierno, fuera del color político que fuera, había puesto tanto esfuerzo en destinar un presupuesto más elevado para el Eje Mediterráneo. Y, también, pocas veces había sido tan consciente de que se trata de una infraestructura necesaria para el funcionamiento de todo el Estado español y de su relación con Europa. Quizá ha sido así por la insistencia constante, no sólo de los ejecutivos de las comunidades autónomas por donde ha de pasar, sino también de gran parte del empresariado europeo.

En una reunión del FOREDE el pasado 30 de octubre en Lyon (Francia), un foro en el que se agrupan las patronales del Piamonte, Suiza Romanda, Baden- Württemberg, Rhône-Alpes y Catalunya, es decir, las patronales de las regiones más industrializadas de Europa, los empresarios reflexionaron sobre la importancia del Corredor. A su juicio se trata de “una infraestructura clave para la competitividad de la economía europea porque estrecha la conexión de los grandes polos de actividad en Europa, desde Barcelona a Kiev”.

Sin embargo, no ha sido hasta este mes de octubre que el Ejecutivo español se ha puesto las pilas anunciando que un 22% de las inversiones ferroviarias estarán destinadas al Eje Mediterráneo en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2013. En cifras, esto representa 1.019 millones de euros destinados al Corredor, el 41 % de los cuales irán hacia Catalunya. Eso sí, todo ello supondrá que los PGE asignen un 10,7% menos de inversión el próximo año en esta comunidad.

“Esperamos que éste sea el año clave, final y definitivo para desbloquear el Corredor porque lo necesitamos como el pan”, rezaba el presidente de Catalunya, Artur Mas, a Mariano Rajoy el pasado mes de mayo durante un desayuno previo a la inauguración del Salón del Automóvil de Barcelona. Y es que sólo Catalunya, una de las regiones más industrializadas de Europa, concentra el 25% de la actividad automovilística de todo el Estado y si se suma el sector de los componentes, este porcentaje aumenta a un 40%.

El Eje Mediterráneo contribuiría positivamente a la dinamización de la economía española y europea, conllevaría unos costes de transporte más bajos y, además, proporcionaría una vía lineal y corta de transporte de las mercancías en toda Europa. Es por eso que muchos empresarios no entienden la falta de interés que hasta ahora ha mostrado el Gobierno en este terreno. Un ejemplo de ello es el director de Coral Transports, Joan Comas, que durante la entrevista realizada por La qüestió catalana a principios de octubre, manifestaba que, en general, los empresarios están “impactados” por “la poca voluntad que vemos por parte del gobierno actual” con una obra que “es determinante para el futuro” de toda la Península Ibérica. Según Comas, los políticos “no cumplen reglas económicas” sino que “los intereses políticos sacan peso en la franja mediterránea para dárselo al centro”.

En este sentido, el secretario general de la Federación de Industria de CC.OO. en Catalunya, Javier Pacheco, también entrevistado por La qüestió catalana el pasado mes de febrero, mostraba la necesidad de “mejorar nuestra gestión logística a través de tierra, aire y del Corredor Mediterráneo” porque, a su juicio, “todavía hay carencias que impiden mejorar la competitividad de las empresas catalanas”.

Entonces, ¿por qué ninguno de los diferentes partidos políticos que han estado al frente del Gobierno ha priorizado y luchado por tan reclamado Corredor Mediterráneo durante todos estos años? Y, ¿por qué cuando algunos políticos catalanes eran decisivos en Madrid no hicieron la suficiente presión para desarrollarlo?

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